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Numerosos científicos sociales, desde historiadores hasta psicólogos, pasando por educadores y sociólogos, destacan una ruptura generacional en nuestros días, un corte en el que los jóvenes se sienten perdidos porque no saben de dónde vienen, en el que los adultos padecen una banalización de sus existencias, en el que los viejos no se sienten escuchados y creen perder su patrimonio de experiencia. Socialmente, esta ruptura se traduce en una gran carencia de cultura política, en una excesiva facilidad de manipulación del pasado, en un vaciado de la conciencia crítica. Es cierto que se recuperan aspectos folclóricos, que todo el mundo está de acuerdo en exponer hallazgos arqueológicos, o en publicar memorias anecdóticas: estos esfuerzos son muy loables y necesarios. Pero poco se habla de experiencias de vida reales, de conflictos, de secretos enterrados por el olvido, de visiones del mundo que se apagaron. ¿De dónde, por qué, de qué manera vinieron, emigraron, recibieron, incluyeron, excluyeron, vivieron, amaron, odiaron, trabajaron, resistieron, se organizaron, sufrieron y fueron felices las personas que vivieron, que viven en nuestra ciudad de ciudades? ¿Cómo ha construido la ciudad su relato, la síntesis de epopeyas individuales? ¿Cómo se resolvieron los conflictos? ¿quién cayó? ¿Quién sufrió rechazo, quién rechazo, quién aceptó, quién no se dejó aceptar? |
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